Aprendizajes de un artesano exigente
Marcela, que vierte a mano desde hace años, recuerda su primera cena con velas mal espaciadas: el calor combinado deformó un borde. Desde entonces, propone distancias generosas y mechas probadas en mesa real. Cuenta que una mecha bien centrada y recortada a diario rinde más que cualquier envase lujoso. Su mantra favorito: menos perfumes, más textura de luz, porque la memoria visual permanece más tiempo.